Mostrando entradas con la etiqueta reflexiones de andar por casa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reflexiones de andar por casa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de mayo de 2020

el yoga como forma de vida



a veces me puede la pereza y, durante unos días, no hago yoga. extender la esterilla, buscar una práctica (a pesar de las muchas que han proliferado en estos dos últimos meses), hacer espacio en la mente… se me hace un mundo. así que no lo hago. 

entonces, llega un día en el que me digo: no puedes seguir así, te vas a quedar hecha un cuatro, vas a ser una estatua como Edith. me da un arranque a cualquier hora, extiendo la esterilla, me pongo con toda la pereza del universo y, a los diez minutos, mi cuerpo comienza a recordarme que el yoga no es solo ejercicio y movimiento, que es su forma de conectarse con la mente y que, igual si hubiese practicado, la última semana no habría sido tan horrible y costosa como ha sido. y quiero llamarme tonta, pero mi mente, conectada con mi cuerpo, me recuerda que uno está donde tiene que estar, que no tiene sentido mirar atrás, que eso también convierte en estatua de sal, que el único momento que importa es el presente y que ni siquiera merece la pena que me prometa que es la última vez que abandono la práctica. 

estirarse, conectarse, perdonarse y, quizá, algún día aprender. 
eso es a lo que aspiro. 

(foto de Tara Stiles, mi instructora de yoga en línea favorita; aunque tampoco os podéis perder a Teresa Bermejo).

miércoles, 23 de enero de 2019

analógica



¿os he contado lo que pasó cuando fui a comprarme un despertador de viaje? la señora que me atendió me explicó que yo llevaba un despertador en el móvil. cosa que yo sabía. y se ofreció muy amablemente a enseñarme a utilizarlo. cosa que le agradecí. pero. odio tener el teléfono en el dormitorio. por supuesto, si estoy de viaje, es difícil no tenerlo cerca, pero no quiero que sea lo primero que agarro por la mañana. de verdad que no. así que en casa tengo un despertador que adoro y que ya os presenté aquí. pero, claro, necesitaba uno para viajar. y, ¡eh!, lo conseguí, no os creáis. la señora siguió sin entenderme, pero yo me fui a casa con un precioso despertador cuadradito y plano, que no diré que me hace feliz por la mañana, pero, desde luego, más que el móvil. siguiente paso: una radio pequeñita con la que viajar. sí, señores, tras la agenda de papel, el despertador de viaje y una libretita para las listas, ¿qué más me falta para ser totalmente analógica? ah, sí, tirar el móvil. {yuk}.

(foto).

lunes, 21 de enero de 2019

el color de la piel




ya os he hablado alguna vez de mis reflexiones de andar por casa sobre el color carne. a estas alturas, ya sabéis que soy cíclica y que hay cosas que me parecen maravillosas siempre. y eso ha pasado con estas calcomanías de Tattly (una marca de la que también os he hablado ya alguna vez). ¿no me diréis que no son fantásticas? y anda que no es chulo tener un «pantone» con tu color… totalmente inclusivas, originales y muy divertidas. ¿qué más se les puede pedir?

miércoles, 31 de octubre de 2018

mujeres fuertes y hombres adultos



probablemente es cierto lo que dice el cartel de la foto: las mujeres fuertes intimidan a los niños y gustan a los hombres. pero ¿cuántos hombres hay por ahí? porque a veces creo que el género masculino tiene un gen que le impide superar los 14 años mentales. en serio. y eso no nos lo pone demasiado fácil, ¿verdad? porque la adolescencia está muy bien cuando sabes salir de ella para comportarte como una persona adulta y responsable cuando hace falta. pero, si no, es cansada. sobre todo, para la gente que tienes alrededor. así que, en fin, mientras una mujer fuerte intimide, no podrá decir que está ante iguales. 

aparte de eso, el cartel es monísimo y la cómoda me encanta. 

(foto).

lunes, 16 de abril de 2018

deja el teléfono





pasamos horas pegados al móvil. horas. tener un móvil nos hace complicado ser capaces de estar sentados en una habitación con la única compañía de nuestros pensamientos, reflexionando sobre el pasado o el futuro, dándonos tiempo para sentir dolor, deseo o ilusión. a veces, el móvil lo convierte todo en envidia: «¿por qué yo no tengo el cuerpo, el novio, el pelo, la casa, la vida que...?». ni siquiera somos capaces de pensar en todo lo que sí tenemos. porque mirando la pantalla nos olvidamos de mirar alrededor.

conscientes de todo esto, los sabios de The School of Life han ideado este librito, que cabe en la palma de la mano, en el que nos dan lectura para dejar de lado el móvil, nos enseñan algunas imágenes que existían ya antes de Instagram, nos proponen ejercicios de meditación y, en esencia, nos ilustran sobre los riesgos de adicción que todos llevamos en el bolso. 

quizá no haga falta comprar el librito para pararnos a pensar en lo que el móvil hace a veces con nuestras relaciones sociales. no ser capaz de desayunar sin mirarlo, de ir por la calle sonriendo a la gente en vez de a una pantalla, mirar las caras de los niños o disfrutar de unos calamares a la romana sin tener que pensar en lo poco fotogénicos que son para enseñarlos con ese «aquí, sufriendo» que da tanta pena a veces. 

yo tengo ya demasiados propósitos que cumplir este año (¿no os he contado el último?), pero un día de estos, añado este. 

lunes, 5 de diciembre de 2016

desayunando en el colegio mayor



por circunstancias vitales, últimamente desayuno un par de veces a la semana en un colegio mayor (mamá, ¡vuelvo a ser universitaria!) y, después de un mes y pico, he llegado a la conclusión de que hay uniforme para hacerlo (bienvenida, presión de grupo). empieza por una sudadera, a ser posible de universidad nacional o extranjera (lo más es tenerla del colegio en cuestión), aunque yo prefiero la de la foto. y continúa con unos vaqueros:


estos no están mal, aunque ya sabéis que los vaqueros no son lo mío. 
para terminar con unas UGG (cosa más fea de botas, por Dior). 
tal que se tiene un aspecto así:


es decir, de no necesitar el café por la mañana. cosa que no me pasa a mí.

que lo necesito. y que no pienso pasar por el uniforme.
aunque he de reconocer que la sudadera mola mucho.
puede que por la sudadera sí pase.
solo puede.
o no.
¿sí?

martes, 8 de noviembre de 2016

96 años esperando



mujeres nacidas en Estados Unidos antes de que las mujeres pudiesen votar en el país apoyan hoy a la candidata a la Casa Blanca. por tantas razones, ojalá las mujeres de I waited 96 years [He esperado 96 años] consigan su deseo de ver a una mujer gobernándolas. I'm with Her!.

p.s. podéis leer las historias de estas mujeres aquí (en inglés).

editado para decir: el mundo no es justo. casi ni parece real. lo siento tanto, tanto. confiemos en que, si sobrevivimos a Reagan, podemos sobrevivir a este… ser.

jueves, 3 de noviembre de 2016

la duda



supongo que por deformación profesional, aunque también por interés humano, me fascina la historia de la primera mitad del siglo xx en Alemania. hace poco leí Tú no eres como otras madres (podéis leer mi opinión aquí), donde se trata, entre muchos, también el tema de la ceguera social al ascenso de los nazis al poder. y algo antes había leído este artículo sobre la secretaria de Goebbels, Brunhilde Pomsel, en cuanto a la misma cuestión. lo que sucedió, pudo suceder, entre otras cosas, porque la gente no escuchaba, no veía, no estaba interesada, no quería saber.

es una cuestión dura, y tan humana que es posible que no se pueda evitar jamás. porque, aunque no queramos ser cómplices del mal (en la mayor parte de los casos: hay un 5 % de la población que es, simplemente, psicópata, pero ese es otro cantar), es fácil que lleguemos a serlo si decidimos que no va con nosotros.

como dice Brunhilde Pomsel: «Esas personas que hoy dicen que hubieran hecho más en favor de aquellos pobres judíos perseguidos, creo que lo sienten sinceramente. Pero no lo hubieran hecho tampoco». y, probablemente, tiene razón.

Erich Fried, el autor al que dediqué mi tesis, escribió, hace treinta y cuatro años, esto (en traducción de Jorge Riechmann):
Conversación con un superviviente

¿Qué hiciste por aquel entonces
que no hubieras debido hacer?
«Nada»

¿Y qué no hiciste
que hubieras debido hacer?
«Esto y aquello
tal cosa y tal otra:
algunas cosas»

¿Por qué no lo hiciste?
«Porque tenía miedo»
¿Por qué tenías miedo?
«Porque no quería morir»

¿Murieron otros
porque tú no querías morir?
«Creo
que sí»

¿Tienes algo más que decir
sobre lo que hiciste?
«Sí: preguntarte
qué hubieras hecho tú en mi lugar»

No lo sé
y no puedo juzgarte.
Solo sé una cosa:
mañana ninguno de nosotros
seguirá con vida
si hoy volvemos
a no hacer nada
y, aunque lo dudo, solo aspiro a no ser de esos que no hacen nada. porque, no nos engañemos, todo podría volver a ocurrir. y los tiempos parecen propicios para ello.

(foto de una mujer en Berlín, en 1943, de Life, encontrada en el blog de Miss Moss).

miércoles, 25 de mayo de 2016

lo que la gente aprende de mí



quiero contaros algo que tiene que ver, de alguna forma, con este perfume.

hace muchos años, un día de invierno triste en Fráncort, un día en que no estaba nada inspirada, no parecía ir nada bien, se me acababa el dinero y no encontraba trabajo, un día en que me planteaba mi vida, le dije a un amigo: «¡vámonos al centro! estoy deprimida: necesito glamour». me lo llevé a una perfumería y me compré el frasquito más pequeño que había de Opium. un dineral para mi bolsillo, pero un gesto cuyo aroma me llevó adelante un par de meses, me acompañó a una entrevista y con el que conseguí el trabajo que transformó un invierno triste en una primavera esperanzadora y el comienzo de una gran época de mi vida. y yo no me acordaba de esto hasta que ese amigo me lo contó un día porque «se le había quedado grabado» ese gesto de «supervivencia» que, según él, de verdad me cambió el humor ese día.

hace un tiempo, otro amigo me hablaba de una amiga suya a la que no conozco y me contaba que ella «le enseñó a querer». y yo, medio ofendida, le reproché que, en fin, tampoco aquella amiga sería la única que le quería. a lo que él contestó: «bueno, es así: de ella aprendí a querer. de ti he aprendido a quererme yo». y pasó a contar cómo conmigo había aprendido a darse caprichos, a desayunar en un hotel de cinco estrellas aunque no le sobrase el dinero, a irse a una galería de arte a tomar un café y a entrar en tiendas de lujo a mirar (Breakfast at Tiffany's anyone?). yo vi un patrón en esto y pensé: «¡vamos!, que soy la superficial…».

pero, luego, me he dado cuenta de algo importante (y me ha costado años de terapia, no os creáis): quererse uno es el primer paso para poder querer bien a los demás. y, si uno no está bien, pues eso, nadie está bien con uno. así que igual no es tan mala enseñanza esta de la superficialidad, ¿no?

total, todo esto para deciros que sí, que he vuelto a comprarme un frasquito de Opium a ver si recupero la joie de vivre y, si no, por lo menos oleré a gloria.

menudo rollo os acabo de soltar 
y ¡cómo me apetecía volver a hacerlo ya en este blog! 
¡caray! lo que os echaba de menos…

jueves, 14 de abril de 2016

color carne




a ver, que digo yo que sí, que yo llamo a ese color entre el beis y el rosa pálido «color carne». y no, no me siento culpable, ni racista (al menos, no por esto) ni nada. porque mi carne no es así, pero sí mi piel. en pálido, pero así. y no me parece mal decir que, si busco unos zapatos que me alarguen las piernas, los quiero en color carne. pero lo cierto es que unos zapatos del color de mi piel me alargarían, en todo caso, las piernas a mí, no a otras. y Louboutin, que es un rato listo y ha visto el negocio, ha decidido que no solo las sonrosaditas tenemos derecho a unos zapatos color carne. que lo hace por dinero, seguro. pero, ay, hay que reconocer que la iniciativa tiene el mérito de ser, además, inclusiva. y eso, pues ¿qué queréis que os diga?, a mí me parece muy bien. aunque, para mí, el color de mi piel seguirá siendo eso: «color carne». dicho lo cual, creo que yo los querría todos. me alarguen las piernas o no.

(imágenes publicadas por Huffpost Black Voices).

jueves, 10 de diciembre de 2015

a favor de la monogamia



del manual de un buen vividor, en la revista Elle:
«Para alguien como yo, que no puede andar y beber café a la vez sin mancharse, cualquier alternativa a la monogamia es un billete asegurado a la tintorería. y a mí no me gusta mancharme. […] Algunos dicen que la monogamia es antinatural. Es posible. Tampoco es natural beber gin-tonics y los bares están llenos. Yo no es que sea un hombre de muchos principios. Soy impuntual, inconstante, lo contrario de germánico (¿griego?), caótico, indisciplinado y hasta hipocondriaco. Solo me falta ser mediopensionista y daltónico. Pero toda mi vida he creído en el amor único. A una marca de raquetas de tenis, a un medicamento para curar el resfriado, a un periódico, a un equipo de fútbol, a un peluquero o a una mujer. Hasta que se agote, se deje de fabricar o que la muerte nos separe. Probablemente me esté perdiendo muchas cosas. Me da igual. No es lo que me pueda perder, es lo que dejo de ganar».
me hizo sonreír.

(foto).

jueves, 17 de septiembre de 2015

vida no instagramable



todos la tenemos, pero me pregunto si no deberíamos contarla más.
me gusta este espacio en el que puedo tener «la vida que deseo» y me gusta por eso. aquí compro lo que no me puedo permitir, viajo a los sitios a los que no puedo ir, me alimento como una reina y soy una mujer de increíble vida intelectual.
algo que no se corresponde exactamente con la vida real.
y, a decir verdad, no me gustan los blogs en los que la gente se dedica a contar sus penas, ¿eh? ni creo que sea muy positivo hacerlo todo el día y leerlo todo el tiempo.
pero ¿no estáis un poco cansadas de vidas perfectas? sobre todo, cuando la propia es mucho menos que eso. cuando fallan las bases de esta pirámide:


aunque, reconozcámoslo, una no se puede quejar de las capas más altas.

¿deberíamos hablarlo más? ¿deberíamos llorar un poco más en público? ¿o quizá lo mejor que podemos hacer es seguir viviendo en este mundo idealizado una vida que merecemos aunque no tengamos?

o, a lo mejor, solamente debería dejar de pensar… :o)

(foto de un montaje de la decoradora Emily Henderson).

jueves, 6 de agosto de 2015

en tiempos turbulentos…



Quien dice a los niños
Tenéis que pensar como la derecha
es de derechas
Quien dice a los niños
Tenéis que pensar como la izquierda
es de derechas

Quien dice a los niños
No tenéis que pensar en nada
es de derechas
Quien dice a los niños
Es igual lo que penséis
es de derechas

Quien dice a los niños
aquello que piensa
y les dice también
que puede que esté equivocado
es quizá
de izquierdas

Erich Fried, trad. de Ursula Barta

más allá de ideologías, este poema da mucho que pensar sobre lo que decir y lo que no decir a los niños.
más allá de ideologías, quizá todos deberíamos comportarnos unos con otros como explica esa última estrofa.
aunque puede que esté equivocada…

(foto de Pinterest).

jueves, 30 de julio de 2015

working class heros



esta semana leí esta entrada de una doctorada inglesa y, bueno, os la resumo: habla de los privilegios de los doctorandos con más posibilidades económicas; no solo las obvias, también las que vienen de haber tenido la oportunidad, cuando eran niños, adolescentes, de viajar, ir a museos, teatros, lugares que no están al alcance de la clase trabajadora; de haber leído buenos libros recomendados por gente que sabe, haber tenido una formación musical, haber oído conversaciones de nivel… también habla de la necesidad de trabajar de los doctorandos que no pueden vivir del aire (léase: no tienen quien les mantenga) y del tiempo y las oportunidades que eso les roba. nada nuevo bajo el sol.

el caso es que a mí me llamó la atención, cuando la leía, esa primera parte sobre los libros, la música, los museos y el teatro. y quería contaros algo.

yo soy hija de una familia de clase trabajadora. no éramos pobres, supongo. pero no éramos, desde luego, acomodados. mis padres trabajaban mucho y siempre intentaron darnos todo lo material que estaba a su alcance, privándose ellos de lo que hiciese falta. nunca faltó de comer bien. mi madre nos hacía la ropa o la heredábamos de primos y vecinos. siempre nos enseñaron que el dinero no crecía en los árboles y que estudiar era nuestro privilegio y nuestro trabajo. no sé, lo normal, en mi infancia, en la clase trabajadora, creo.

pero hay algo que tengo que agradecer enormemente a mis padres: nunca nos faltó un libro bueno que leer (íbamos a la biblioteca o nos los compraban), insistieron en que nadásemos, hiciésemos deporte, estudiásemos música y bailásemos (casi todo en instituciones públicas), en que conociésemos lo máximo posible de España y el extranjero que quedaba al alcance de mi padre conduciendo un Renault 5 y una tienda de campaña que plantar al borde de la carretera (y sí, alguna vez nos la levantó la Guardia Civil :o), en todas la ciudades que visitábamos íbamos a las iglesias y los museos gratuitos, a veces, también a los de pagar, a conciertos de música internacional en la calle, si no podíamos ir todos al teatro, me llevaban hasta la puerta, yo veía la obra y luego me recogían…

sí es cierto que no vi muchas cosas y no leí muchas cosas y no oí muchas cosas, pero me dieron mucho y lo más importante: la curiosidad, la sensación de que había cosas más importantes que el dinero, y la educación para siempre luchar por ellas y seguir aprendiendo durante toda la vida.

y, por eso, papá, mamá, esta entrada está totalmente dedicada a vosotros. GRACIAS.

(foto).

lunes, 8 de junio de 2015

para ansiosas



mi filosofía sigue intentando ser esta. pero, para cuando la crisis amenaza, todo el mundo tendría que tener una lista como esta:
  • ¿te has hidratado bien? si no, bebe un vaso de agua. entero.
  • ¿has comido en las últimas tres horas? si no, ¡come! mejor algo que no sea azúcar.
  • ¿te has duchado? no, en serio, a veces una ducha hace milagros.
  • si es de día, ¿te has vestido? (en mi caso, unos vaqueros y una camiseta no cuentan como haberse vestido; en ocasiones, el negro tampoco). ¡vístete! y ponte algo especial.
  • de noche, ¿estás cansada y dormijosa, pero te resistes a dormirte? apaga la luz y cierra los ojos quince minutos. si sigues despierta después de hacerlo, tienes permiso para volver a levantarte.
  • ¿has salido a la calle hoy? si no, busca una excusa y sal ¡YA! aunque sea a dar la vuelta a la manzana.
  • ¿le has dicho algo agradable a alguien hoy? no hace falta que sea en persona. coge el móvil y escríbele un wasap a un amigo para que sepa que acabas de pensar en él. o alguien a quien apenas conoces para que sepa que recuerdas que existe. eso sí: no valen cumplidos vacíos o sandeces. tiene que ser algo significativo.
  • ¿has bailado últimamente? pues ya sabes.
  • ¿has abrazado a alguien en el último par de días? busca a quien.
  • ¿te sientes inútil? termina algo. algo pequeño. algo que puedas decir: ¡ya está! date una palmadita en la espalda y sigue con las grandes cosas.
  • ¿agotada –física, emocinal o intelectualmente–? date un descanso en el ámbito adecuado: duerme la siesta o relájate con algo tonto.
  • ¿has cambiado de medicación en las últimas dos semanas? un cambio de medicación puede hacer cosas raras a tu mente. date uno días y, si no mejoras, habla con el médico.
  • ¿ha pasado una semana? a veces, simplemente, lo vemos todo negro y no podemos siquiera discernir que no hay ninguna causa externa para ello. mantente ahí durante una semana y, quizá, todo se pase solo.
  • si no, quizá es hora de buscar ayuda profesional. a veces pasa. no es vergonzoso. ir a un psicólogo no es estar más loco que los demás (si me apuráis, todo lo contrario).
y, sobre todo, recuerda que has llegado hasta aquí. a pesar de todo.
ERES MÁS FUERTE DE LO QUE CREES.

(imagen de Alex Solis;
lista absolutamente inspirada por y casi robada a Sinope).

jueves, 26 de marzo de 2015

qué hace una chica como tú en un sitio como este



yo no iba a escribir hoy, 
pero es que acabo de tener una epifanía y me apetecía contárosla.

uno de mis compañeros de despacho tiene puesto a todo volumen Loquillo para alegrarnos la mañana y, bueno, aparte de la ola de nostalgia y recuerdos que está a punto de ahogarnos… me he puesto a escuchar las letras y me he dado cuenta de algo muy importante.

tuve (como muchos de los que me leéis, supongo) una adolescencia afortunada, en la que escuchar a Loquillo, Los Rebeldes y hasta Extremoduro (no voy a entrar en Soziedad Alkoholika, Kortatu, Negu Gorriak y otros) era marca de modernidad y estaba bien visto. cantábamos letras como «hace un momento que me ha dejado aquí, en la ladera del Tibidabo, la última rubia que vino a probar el asiento de atrás» o «cuando me llene el cuerpo de anfetas y de alcohol, querré alguien a mi lado que me recoja al caer» mucho antes de saber qué probaba exactamente la rubia o lo que eran las anfetas. nos enteramos de lo que era la mescalina por una canción supermarchosa y «me emborrachaba entre sus brazos, ella nunca bebía, ni la vi llorando» nos parecía romántico.

y, míranos, tampoco es que hayamos salido heroinómanos, asesinos en serie ni maltratadores todos. mucho menos, de hecho, de lo que podría parecer.

y lo digo porque me da un poco de rabia que ahora no podamos cantar estas cosas sin parecer escandalosos, que se prohíban canciones porque incitan a la violencia machista (¿cuándo van a prohibirnos a Wagner? ¿o los tangos?) o que no podamos reírnos de nuestra sombra porque es políticamente incorrecto. ¡qué demonios! más Bowie y menos soft pop, más rock y menos hipocresía. ¡ah! y no soy rubia, pero todavía tengo edad de probar el asiento de atrás de un Cadillac, así que, ya sabéis: interesados, mi dirección está en el sobrecito de la columna derecha. lo más sería el Cadillac rosa de Clint Eastwood, pero tampoco me voy a poner estupenda cuando una ha sido muy viajera en un Seat 127 sin cinturones de seguridad y con mapas de la posguerra para ir de excursión por carreteras secundarias.

sí que me he puesto nostálgica, sí.
en fin, juventud, decidme que aún hay canciones como estas. plis.

(foto de Annie Leibovitz).

lunes, 6 de octubre de 2014

un acto heroico



un día me dijeron: los fuertes son los que no saludan. ser educado es de blandos, de pobre gente, de los que buscan la aprobación externa. si eres fuerte, no necesitas saludar.

me perdonaréis, pero no estoy en absoluto de acuerdo. y no soy la única. me encantó la visión del asunto que daba la filósofa Adela Cortina en el suplemento S Moda de El País:
Que el saludo al cruzarse en una puerta, al encontrarse en el ascensor, al entrar en un pequeño comercio o al coincidir subiendo al autobús se haya convertido en un acto heroico, un acto que merece elogio, hace sospechar que estamos perdiendo la más elemental forma de relación con las gentes con que nos encontramos en la vida cotidiana.

La comunicación auténtica, bien trenzada, hace que las gentes que viven su vida en primera persona del singular (yo) puedan vivirla también en primera persona del plural (nosotros), haciendo un mundo más humano. Pero para eso hace falta empezar por lo más básico, por hacer que no sea una rara avis la persona que, como mi amiga, simplemente saluda a quienes se encuentra en el ascensor.
y luego vi este artículo, realmente interesante, que dice:
Lo maravilloso de los desconocidos es que tendemos a poner nuestra cara más alegre al encontrarnos con ellos y reservamos nuestro lado más quejica para la gente que conocemos y queremos. Cuando una de nosotras, Liz, estaba en la universidad, notó que su novio, Benjamin, no se cortaba de ser un gruñón con ella. Pero, si se veía forzado a interactuar con un extraño o un conocido, se animaba enseguida. Y su propio comportamiento positivo acababa por borrar el mal humor.

Solo sonreír a los desconocidos por la calle puede aliviar su pánico existencial, y que otros nos sonrían podría hacer lo mismo por nosotros.
visto lo visto, quizá deberíamos poner de moda la amabilidad, ¿no?

viernes, 5 de septiembre de 2014

10 cosas que trato de recordar



1. no exigir demasiado.
2. no dar demasiado.
3. incluir al otro.
4. vivir con la tristeza.
5. obedecer al deseo.
6. expresar los afectos.
7. no buscar ideales.
8. invertir en alegría.
9. no puedes quitarle a alguien sus defensas sin darle algo a cambio.
10. la indiferencia es un paso.

en línea con asumir nuestros traumas y los buenos propósitos de enero chiquito, ahí os queda eso.

(imagen).

jueves, 13 de marzo de 2014

reflexiones de andar por casa



yo era de las que decía que aspiraba a no tener miedo a nada, pero ya no lo digo. porque he pasado un tiempo sin miedo y ahora sé que tener miedo es bueno. no miedo a todo, pero miedo a algo. si no te asusta perder algo, dejar a alguien, dejar de sentir, dejar de tener esperanza, algo falla. no tener esos miedos es no vivir. y, cierto, el que no vive no puede morir, así que ¿por qué temerlo? pero ¿quién quiere no vivir?
pues eso, que me he puesto filosófica… 
pero ¡hacedme caso! si un día no os asusta nada, preocupaos.
y procurad contárselo a alguien.
xo

(imagen encontrada aquí).

jueves, 9 de enero de 2014

reflexiones de andar por casa



un domingo de estos, salí en bici con gente que no conocía, pero muy inspiradora (tengo que repetir). el caso es que, entre otros muchos temas (juasjuas, no tantos, no os creáis), hablamos del amor. de lo que era, de lo que significaba, de los tipos que había, del romanticismo, etc. y alguien dijo algo que me pareció precioso y que quiero escribir en esta especie de diario cibernético mío, para no olvidarlo. llamémoslo: islas de amor. ahí os va:

el amor es lo único inmune a la muerte. las islas que crea son rodeadas por la corriente del tiempo, que no puede atravesarlas. por eso, el amor es eterno. y eso quiere decir que 2 s de amor son 2 eternidades. así que ¡vivamos eternamente!

y esto, así, en medio del campo y comiéndonos una paella. ¿quién da más?

(imagen).
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...