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jueves, 21 de marzo de 2013
jueves de ficción: grand finale
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martes, 19 de marzo de 2013
jueves de ficción ¿en martes?
la boda debía celebrarse este jueves.
Ricardo va de camino a España.
Ágatha ha huido de todo y no ha dicho adónde.
Ricardo va de camino a España.
Ágatha ha huido de todo y no ha dicho adónde.
después de algo más de tres meses de correspondencia, Klaurock y yo hemos decidido poner fin este jueves a la historia de Ágatha y Ricardo. dicen que hay incluso apuestas sobre si terminarán juntos o el destino, cruel, los separará para siempre. nadie lo sabe aún. tendréis que esperar al grand finale del jueves para averiguarlo. es lo que tienen las pausas dramáticas…
os lo dice una experta.
os emplazo, pues, al jueves. mientras tanto, no os olvidéis de divertiros.
y feliz Día del Padre a aquellos que lo sois.
xo
(foto encontrada aquí).
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jueves, 7 de marzo de 2013
jueves de ficción
Escribo rápido y breve, ya que me cierra el correo.
Primero perdón por no recibir tu última carta. El dolor me había superado. Saberte extraña de mí, con destinos excéntricos y felicidad programada, me desbordó y tuve que huir. De las cartas, de vos, de Japón, de mí.
Y acá estoy, escribiéndote otra vez. Lejos de casa y con ganas de ver el último sol de otoño.
Estoy en Río de Janeiro. El único vuelo que conseguí es con escalas.
Sí, estoy yendo para allá.
Voy buscando mi primavera.
Solo espero llegar a tiempo.
Ricardo
(imagen del calendario digital de Lavazza, Opera Viva).
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jueves, 21 de febrero de 2013
jueves, 7 de febrero de 2013
jueves de ficción
Ágatha:
Japón. No puedo competir con Japón. Solo puedo brindarte viajes imaginarios con abrazos como barandas. Tengo tickets eternos para viajar al espacio y más allá, pero nunca estuve tan lejos de Japón como ahora.
Esto no tiene ningún maldito sentido. Vos, tu felicidad, y yo que no entro en esa ecuación.
Ningún maldito sentido.
Que estés bien.
(imagen de Eda Akaltun, City in the Sky, encontrada aquí).
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jueves, 24 de enero de 2013
jueves de ficción
Me he reído mucho acordándome de la anécdota de la galería de arte. Leí tu carta en la oficina y me reí fuerte y solo. Me parece que creen que estoy loco, o al menos reafirman lo que ya creían.
Hablas de imaginación. La mía se limitaba a nosotros dos haciendo el amor en lugares extraños o situaciones inusuales; esas que, cuando te las comentaba, te daban ataques de risa. ¡Qué rabia me daba cuando te reías de mis fantasías! Pero, después de un rato, cuando exponías un caso donde todo nos iría mal, siempre terminábamos riendo juntos. ¿Te acordás de «Quiero hacerlo en un parque de diversiones» y vos: «Pues en la montaña rusa; total, tú terminas antes que el juego»? No me olvido más de eso, de cómo me enojé con tu comentario, de cómo nos reímos después y de cómo… mejor me callo. No sé por qué me acordé de eso. O sí, pero no quiero acordarme. A veces me alegra, pero muchas otras me duele pensarte. Saberte extranjera de mí.
En este momento, para mí, todo es sobre vos, y no me gusta leerte así, oscura, como apagada. Es una de esas veces que me gustaría abrazarte como cuando lo hacía y todo todo desaparecía. No puedo imaginarte sin tu risotada fuerte, tus lágrimas de tanto reírnos y tu ceño fruncido de «no podés hacerme reír para no pelear». Revolcarnos en nuestro colchón viejo soñando con los viajes por hacer y los regalos por comprar. Sé que esa vida no era estable, pero fue la más real y la única que quiero vivir. Con vos ahí.
¿Te casás en primavera? Tu primavera es mi otoño… Nunca mejor dicho. No sé si podré llegar antes de eso, aún no me pagan lo del libro, y contaba con eso para ir a verte. Necesito verte, lo necesitamos ambos. Entiendo lo de la estabilidad. ¿Vos entendés que todo de mí es para vos?
Sabés… te imagino con el vestido de novia. Pero solo te puedo imaginar usándolo si estás de mi mano. Ya sé que vi demasiadas películas y que las corridas al aeropuerto y las redenciones con un beso no existen en la vida real, pero no puedo dejar de imaginarme que llego y vos estas a punto y yo… Por favor, no te cases. No todavía.
Releyéndome me doy cuenta que te mencioné el libro pero nunca te conté de él. Sí, por fin van a editar mis cuentos. Es una editorial pequeña y una tirada de pocos ejemplares, pero vos sabés lo que esto significa para mí. De hecho, le cambié el título ese que no te gustaba. ¿Sabés cómo se llama ahora? Riéndonos en la cama. Qué justo, ¿no?
No te pierdas en paredes y charlas vacías. Perdete en mí. Perdámonos juntos una vez más.
Ahora el tiempo puede ser nuestro. Espérame por favor.
Ricardo
P.D.: Conmigo fuiste más vos que nunca, y yo fui el mejor yo de lo que alguna vez seré.
(imagen).
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jueves, 10 de enero de 2013
jueves de ficción
Ágatha:
¿Empezamos de nuevo?
Yo dije cosas que no debería, y entiendo eso despertó tu enojo. Te pido perdón. Con todo el corazón, perdón. Me cansé de mí, de mi orgullo infinito y mi armadura de misterio. Hice mal, te lastimé y la herida llegó hasta mí.
Si hubiese pensado que eras celosa e interesada, no estaría pidiéndote acá y ahora que vuelvas conmigo, de una vez y para siempre. No de rodillas, de pie, de frente. Mirándote a los ojos para que lo vuelvas a saber.
Quizás no tenga mucho para ofrecerte, al menos no la estabilidad que te mereces, pero nunca te faltará un ramo de flores, un plato de comida y un «te quiero» al acostarnos.
Nunca creí que eras interesada. Estuviste conmigo en el departamento de la Avenida Santa Fe a puro arroz y café con leche. Y decime si no llorábamos de la risa cada día en esa vieja pensión.
No vengo a pelear, vengo a hablar. A recordar. A estimular el recuerdo de lo salvajemente felices que fuimos juntos. Me harté de tratar de entender el final, de qué pasó o quién tuvo razón. Ya habrá tiempo cuando el tiempo no sea una cuestión. Solo sé que fue un final y eso no me lo puedo perdonar.
Mis ojos no tenían desvío. Vivían clavados en vos, perplejos ante cualquier ridículo movimiento de tus cejas, en tus ademanes exagerados como aspas de molino, y yo, estático, estudiándote. Memorizándote para no sé qué, quizás para ahora. ¿Y ahora es tarde? ¿O ahora es ahora, pegadito del ayer y bien lejos del después?
Tenés una boda que planear. Ok. Yo un viaje. Me cansé de no ser más el que está para vos. La distancia no será más una cuestión. El estar ahí y no poder abrazarte lo será.
No sé cuándo pero mi destino es con vos. En Buenos Aires, en España, en el Congo Belga, en cualquier lugar del mundo que estemos es en el que hay que estar.
Y feliz Año Nuevo.
Ricardo.
P.D.: Siempre fuiste vos para mí.
(imagen).
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jueves, 27 de diciembre de 2012
jueves de ficción
El gorro con orejeras era tuyo. No hay vueltas. Te lo regalé cierta ocasión que íbamos por el barrio de San Telmo, que comenzó a llover y te compraste ese horrible paraguas fucsia con detalles de animal print. Nos reímos mucho de esa combinación, que solo vos podías animarte a usar.
La verdad que tu carta me dejó bastante descolocado. Polleras, primas y que sé yo de qué sé cuánto. No sé qué esperaba, pero claramente no esa respuesta. Siempre tuviste la virtud de decir cualquier cosa menos lo que quería escuchar, lo cual me encantaba, a decir verdad.
Y lo dejaré claro una vez más: la única falda que me gustaba era la tuya, cómo ondeaba en el viento esa vez que nos besamos, y cómo colgaba en la puerta la primera vez que hicimos el amor. A veces miro mi puerta, y me parece verla, flameando, como una bandera monocromática de un país que te tiene como reina.
Nunca quisiste escucharme ni hacerte cargo de la devoción que te tenía. Preferiste pensar que todos los hombres son basura antes que entender que este en particular estaba perdido por vos. La sospecha a la certeza. Siempre vos y tus celos ciegos y rabiosos, tu desconfianza como método de protección de la única persona que te protegió. Yo.
Si vos tenés otro, es porque no me tenés a mí, porque no quisiste escucharme, y porque preferiste hacer las valijas antes que darme un beso.
Si ahora estas con él, es por esa comodidad “On Sale” de yuppie con futuro que al susodicho le chorrea a cada paso de sus zapatos náuticos y su chomba Lacoste. Yo, con un libro de poemas sin tapa, mi eterno par de zapatos negros sin lustrar y mis remeras de dibujitos, no puedo competir con eso y lo entiendo. Pero también sabés que tengo más amor por vos en la punta de mis dedos, que ese individuo en todo su barrio privado.
No hay más por decir, y hay mucho por hacer.
Te propongo un trato:
Decime que estás enamorada de él, y no te molesto más.
Ricardo.
P.D.: El mundo no se terminó. Hagamos algo con eso.
(imagen).
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jueves, 13 de diciembre de 2012
jueves de ficción
Ágatha:
Sé que recibir esta carta te sorprenderá, pero créeme si te digo que a mí también. Hace dos horas ni pensaba en hacer esto. Hace 3 meses no quería ni escuchar pronunciar tu nombre, y hace 6… bueno, eso ya lo sabes.
Lo que me motivó a escribirte tan de golpe fue una película. ¿Adivinas cuál? Sí, esa misma. Recién acabo de terminar de verla en televisión y me acordé de todas las veces que la vimos y nos reímos juntos. ¿Te acordás esa vez que habíamos peleado por lo de tu prima, y cuando llegamos a casa y vimos que la estaban dando? Bueno, ese recuerdo despertó esto que voy escribiendo sin saber a dónde voy.
Por acá, los calores empiezan a asomar y Buenos Aires se pone fatal, como te gustaba decir a vos. ¿Allá cómo está la cosa? Sabes que nunca entendí lo de las estaciones ni los husos horarios. Quizás ahora, allá, sean las otoño de la mañana. Sí, siempre los mismos chistes.
Tengo que dejarme de rodeos. Buenos Aires claro que está fatal, y más fatal sin vos. No sé por qué, o si lo sé, pero ya no importa. La ciudad es solo una cáscara vacía, una montaña fría de cemento y ruido si vos no estás.
Hace un mes tiré un gorro de piel con orejeras que había acá, tuyo. Y desde entonces que sé que esto no está bien. Esto de la distancia, del odio, del otro, tu otro.
Quizás solo eso. Que lo sepas, lo del gorro, y que te extraño.
Siempre fui muy egoísta. Tanto que te elegí.
Ricardo.
P.D.: Seguís siendo mi persona favorita en el mundo.
(imagen).
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