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miércoles, 14 de junio de 2017

plantas con historia. relato



a veces la vida nos avisa con señales que no sabemos leer. 
la planta de la foto tenía una gemela.
cuando él y ella las compraron medían apenas 8 cm. eran unas renacuajas melenudas que prometían dar mucha felicidad a sus dueños.
sus dueños, él y ella, llevaban 5 meses saliendo. ella creía que aquello era amor del bueno. pero del bueno bueno. él… este narrador no sabe qué creía él. y tampoco es que le importe mucho. pero fue él quien propuso comprar a las gemelas melenudas y repartirlas: tú a Boston y yo a California, versión vegetal.
las llevaron a sus respectivas casas una mañana. 
ella trasplantó la suya, le buscó un macetero bonito en el que estar. la colocó en el armario de los trofeos, entre algunas de sus cosas más queridas.
él… él se olvidó la suya en el coche. en el salpicadero. a pleno sol. y allí la tuvo hasta que volvió al coche dos días después y se la encontró muertita, chamuscada, asfixiada… os hacéis una idea. la cogió y la tiró a la basura. 
se lo contó a ella.
ella, entonces, debió de haber sospechado algo, pero no lo hizo. «mira que eres despistado», «menos mal que nos queda una», «a esta la veremos crecer».
una semana después, él desaparecía sin explicaciones. sin más.
ella siguió regando la planta. no esperaba que él volviese, pero ¿qué haces con un hijo cuando te separas? ¿lo metes en un coche y dejas que se asfixie a pleno sol? a veces, las cosas que quedan no son hijos, ¡menos mal!, pero también hay que hacer el esfuerzo para superarlas y vivir con ellas.
hoy la planta, dos trasplantes después, mide unos treinta centímetros y sigue sana y melenuda.
él, claro, no lo sabe, y seguramente ni se acuerda, pero ella la mima y sonríe cuando la mira porque es un símbolo de su crecimiento espiritual. una cicatriz superada. un amor reconducido. una alegría verde. 
a veces la vida nos elogia con señales que sí somos capaces de leer.

jueves, 30 de julio de 2015

working class heros



esta semana leí esta entrada de una doctorada inglesa y, bueno, os la resumo: habla de los privilegios de los doctorandos con más posibilidades económicas; no solo las obvias, también las que vienen de haber tenido la oportunidad, cuando eran niños, adolescentes, de viajar, ir a museos, teatros, lugares que no están al alcance de la clase trabajadora; de haber leído buenos libros recomendados por gente que sabe, haber tenido una formación musical, haber oído conversaciones de nivel… también habla de la necesidad de trabajar de los doctorandos que no pueden vivir del aire (léase: no tienen quien les mantenga) y del tiempo y las oportunidades que eso les roba. nada nuevo bajo el sol.

el caso es que a mí me llamó la atención, cuando la leía, esa primera parte sobre los libros, la música, los museos y el teatro. y quería contaros algo.

yo soy hija de una familia de clase trabajadora. no éramos pobres, supongo. pero no éramos, desde luego, acomodados. mis padres trabajaban mucho y siempre intentaron darnos todo lo material que estaba a su alcance, privándose ellos de lo que hiciese falta. nunca faltó de comer bien. mi madre nos hacía la ropa o la heredábamos de primos y vecinos. siempre nos enseñaron que el dinero no crecía en los árboles y que estudiar era nuestro privilegio y nuestro trabajo. no sé, lo normal, en mi infancia, en la clase trabajadora, creo.

pero hay algo que tengo que agradecer enormemente a mis padres: nunca nos faltó un libro bueno que leer (íbamos a la biblioteca o nos los compraban), insistieron en que nadásemos, hiciésemos deporte, estudiásemos música y bailásemos (casi todo en instituciones públicas), en que conociésemos lo máximo posible de España y el extranjero que quedaba al alcance de mi padre conduciendo un Renault 5 y una tienda de campaña que plantar al borde de la carretera (y sí, alguna vez nos la levantó la Guardia Civil :o), en todas la ciudades que visitábamos íbamos a las iglesias y los museos gratuitos, a veces, también a los de pagar, a conciertos de música internacional en la calle, si no podíamos ir todos al teatro, me llevaban hasta la puerta, yo veía la obra y luego me recogían…

sí es cierto que no vi muchas cosas y no leí muchas cosas y no oí muchas cosas, pero me dieron mucho y lo más importante: la curiosidad, la sensación de que había cosas más importantes que el dinero, y la educación para siempre luchar por ellas y seguir aprendiendo durante toda la vida.

y, por eso, papá, mamá, esta entrada está totalmente dedicada a vosotros. GRACIAS.

(foto).

jueves, 9 de julio de 2015

cosas de las que no preocuparte



en 1933, F. Scott Fitzgerald terminaba una carta a su hija de 11 años, Scottie, con una lista de cosas de las que preocuparse, cosas de las que no preocuparse y cosas en las que pensar:

cosas de las que preocuparse:
la valentía
la limpieza
la eficiencia
la equitación

cosas de las que no preocuparse:
la opinión pública
las muñecas
el pasado
el futuro
crecer
de que alguien te adelante
el éxito
el fracaso, a menos que te lo hayas buscado
los mosquitos
las moscas
los insectos en general
los padres
los chicos
las decepciones
los placeres
las satisfacciones

cosas en las que pensar:
¿qué es lo que realmente quiero conseguir?
¿cómo de buena soy, en realidad, en comparación con mis contemporáneos en cuanto a:

(a) la escuela?
(b) ¿entiendo realmente a la gente y soy capaz de llevarme bien con ellos?
(c) ¿intento hacer de mi cuerpo un instrumento útil o lo estoy abandonando?

con todo el cariño del mundo,
papá

¿no os parece una gran lista?

(foto encontrada aquí).

martes, 1 de abril de 2014

el problema de las mujeres fuertes que buscan el amor



de la biografía de Antonia Fraser, esposa de Harold Pinter.

pronto, justo después de empezar su romance en 1975, Thomas, el hermano de Antonia, advirtió a esta: «tienes un problema especial. eres una mujer de carácter fuerte, pero quieres que tu marido sea más fuerte que tú. a las mujeres de tu carácter que quieren dominar les va bien porque hay montones de hombres débiles. también hay montones de hombres fuertes para las mujeres débiles. pero el tuyo es un problema especial». en realidad, Antonia concluye: «tenía razón, y es exasperante».

poseso, queridos míos. un problema muy especial. 
{suspiro}

(imagen).
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