viernes, 18 de diciembre de 2020

18.º día de Adviento



cualquier traductor a quien preguntéis os dirá que una de las cosas más penosas de la existencia traductoril es traducir bibliografías, índices e índices de nombres. bueno, pues todo eso abunda en las 1800 páginas de Historia Mundial del Cine, EE. UU.  de Akal que esta señora se tradujo como una campeona a pico y pala. pero lo más entretenido y laborioso de todo fue el índice de películas con el que cuenta el segundo tomo. se trata de un índice cruzado de títulos originales y sus traducciones al español hecho desde cero (porque hubo que traducirlo a partir del libro físico) y desde el libro original redactado en italiano (por lo que había que buscar si los títulos estaban traducidos en español o no, y cruzar con mucho cuidado los datos con los títulos originales). un trabajo de chinos del que, no puedo evitarlo, me siento muy orgullosa.

dato al margen, para cualquier cinéfilo los ensayos de estos dos tomos, incluidos por supuesto los índices de nombres y películas son una auténtica joya. y podréis descubrir en ellos montones de curiosidades sobre cómo las películas se doblaron siempre al español y, de hecho, cómo se hacía. ahí os dejo la tentación. 

jueves, 17 de diciembre de 2020

17.º día de Adviento


ya os adelanté el otro día que iba a contaros un secretillo sobre las notas de Orlando. el secreto ya no lo es tanto porque lo he comentado alguna vez, pero, entre las 91 notas al pie hay una que, en realidad, no es de la traductora, sino del editor. 

está en la página 82 (nota 14) y explica lo que es el «juego de los trucos». yo me negaba a poner la nota porque el significado de «trucos» en este sentido (juego de destreza y habilidad que se ejecuta en una mesa dispuesta a este fin con tablillas, troneras, barras y bolillo) está en el diccionario y me parecía tomar al lector un poco por tonto, como si no supiese buscar en el diccionario. pero las editoras opinaban (probablemente, con muy buen tino) que era mejor explicarlo. así que redacté la nota, pero me negué a firmarla :D a veces puedo ser muy cabezota. 

en cualquier caso, la foto que veis ahí arriba es del cartel que se expone junto al billar de la casa de la familia de Vita Sackville-West, que es la casa en la que, supuestamente, vive Orlando (que, claro, en realidad es un alter ego de Vita). la foto es ciertamente horrible, pero tened en cuenta que está hecha a escondidas porque en Knole está prohibido hacer fotos. ups. 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

16.º día de Adviento



aunque tiene toda la lógica del mundo, nunca me ha parecido que haya nada más difícil de traducir que lo más cercano al habla de los bebés y su mundo. el hecho de que lo que consuela a un niño para que no llore tenga nombres desde «chupete» a «chupón», «bobo» y «tetina», pasando por los familiares «chupe» y «tete», me llena de admiración. que una «silleta» sea una «carriola», un «biberón» pueda ser una «pacha» y un «tacataca», una «andadera» es un reto para la vida. y que querer una «frutilla» sea cosas distintas según el país, pues ¿qué queréis que os diga? 

las variedades del español son un tema que me fascina. adoro que podamos entendernos entre tantas diferencias y me encanta adoptar expresiones de otros países, lo que puede acabar siendo un problema para mis traducciones (espero que no). poner «changuitos» si quiero tener suerte, decir «está fresco pa chomba» cuando comienza a refrescar o llamar a alguien «siútico» es un placer fabuloso. también entender por qué las princesas de Disney siempre llevaban vestidos.

en fin, seré rara porque adoro las traducciones hechas en otras variedades de español, pero, si os apetece uniros a mí en el lujo, podéis disfrutar de este maravilloso vídeo. 

martes, 15 de diciembre de 2020

15.º día de Adviento


sal con una chica que no lee


este texto de Charles Warnke es largo, pero creo que merece la pena.
la traducción es mía:

Sal con una chica que no lee. Búscala en la tediosa miseria de un bar del Medio Oeste. Búscala entre el humo, el sudor alcohólico y las luces de colores de una discoteca de moda. La busques donde la busques, encuentra una que sonría. Asegúrate de que la sonrisa sigue ahí cuando la persona que habla con ella deja de mirarla. Atráela con trivialidades poco sentimentales. Usa las típicas frases de ligue aguantando la risa. Sal con ella a la calle bien entrada la noche. Ignora el peso palpable del cansancio. Bésala bajo la lluvia, iluminados por la tenue luz de una farola, como viste en aquella película. Nota la insignificancia de ese beso. Llévala a tu apartamento. Hazle el amor como un trámite. Tíratela.
Deja que el ansioso contrato que habéis firmado sin querer evolucione lenta e incómodamente hasta convertirse en una relación. Encuentra afinidades e intereses comunes como el sushi y la música folk. Construye un muro impenetrable alrededor de ese terreno compartido. Haz ese espacio sagrado. Refúgiate en él cada vez que el aire se enrarezca o las noches parezcan no tener fin. No hables sobre nada importante. No pienses mucho. Deja los meses correr inadvertidos. Pídele que se mude a tu casa. Deja que la decore a su gusto. Peléate por cosas intrascendentes como por qué hay que cerrar la maldita cortina de la ducha para que no se llene de moho. Deja que pase un año. Comienza a notarlo.
Calcula que, probablemente, deberías casarte con ella porque, si no, habrías estado perdiendo mucho tiempo. Llévala a cenar a un restaurante muy por encima de tus posibilidades, en un cuadragésimo quinto piso. Asegúrate de que haya una hermosa vista de la ciudad. Pide con timidez al camarero que le traiga una copa de champán con un modesto anillo dentro. Cuando ella lo vea, pídele que se case contigo con todo el entusiasmo y la sinceridad que puedas reunir. No te preocupes demasiado si sientes que tu corazón se tira por una de las ventanas. En realidad, tampoco te preocupes demasiado si no sientes nada. Si hay aplausos, déjalos apagarse. Si ella llora, sonríe como si nunca hubieses sido tan feliz. Si no lo hace, sonríe igual.
Deja que los años pasen sin dejar huella. Haz de tu trabajo tu vida. Compra una casa. Ten dos niños preciosos. Intenta educarlos bien. Fracasa a menudo. Déjate llevar por una aburrida indiferencia. Cae en una tristeza indeterminada. Ten una crisis de la mediana edad. Envejece. Asómbrate de lo poco que has conseguido. Siéntete en ocasiones satisfecho, pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Cuando salgas a pasear, ten la impresión de que nunca fueses a volver, o de que el viento podría llevarte. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de darte cuenta de que la chica que no leía nunca hizo temblar tu corazón con una pasión significativa, que nadie escribirá la historia de vuestras vidas y que ella morirá también arrepintiéndose, aunque de forma suave e incierta, de que nunca hizo nada de su capacidad de amar.

Haz todo eso, bendito sea Dios, porque nada es peor que una chica que lee. Hazlo, insisto, porque una vida en el purgatorio es mejor que una vida en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee el vocabulario adecuado para describir esa insatisfacción amorfa que es una vida frustrada: un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y lo hace una necesidad accesible en vez de una maravilla extraña. Una chica que lee reivindica un vocabulario que distingue entre la retórica engañosa e impersonal de alguien que no puede amarla, y la desesperación inarticulada de alguien que la ama demasiado. Un vocabulario, maldita sea, que convierte esta sofistería vacía mía en un truco de feria.
Hazlo, porque una chica que lee entiende la sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura se dan a intervalos esporádicos, pero reconocibles. Una chica que lee sabe que la vida no es bidimensional; sabe y demanda con corrección que el flujo de decepciones venga con su correspondiente reflujo. Una chica que ha estudiado sintaxis siente las pausas irregulares –la vacilación en el aliento– endémicas de una mentira. Una chica que lee percibe la diferencia entre un momento de ira entre paréntesis y las arraigadas costumbres de alguien cuyo amargo cinismo seguirá y seguirá mucho más allá de cualquier punto de razonamiento, o propósito; seguirá mucho después de que ella haya hecho la maleta y dicho su reluctante adiós, y decidido que soy una elipsis y no un punto final; y seguirá y seguirá. Sintaxis que conoce el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la chica que lee conoce la importancia de un argumento. Puede rastrear los límites de un prólogo y las agudas crestas de un clímax. Los siente en su piel. La chica que lee será paciente con un intermedio y agilizará un desenlace. Pero, sobre todo, la chica que lee conoce la ineluctable importancia de un final. Se siente cómoda con ellos. Se ha despedido de mil héroes con apenas una punzada de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque las chicas que leen son las que cuentan las historias. Tú con Joyce, tú con Nabokov, tú con Woolf. Tú en la biblioteca, en el andén del metro, tú en el rincón del café, tú en la ventana de tu habitación. Tú, que haces mi vida tan increíblemente difícil. La chica que lee ha prolongado el relato de su vida y rebosa de significado. Insiste en que sus narrativas sean ricas, sus secundarios variopintos y su tipo marcado. Tú, chica que lees, me haces querer ser todo lo que no soy. Pero yo soy débil y te fallaré porque tú has soñado como es debido con alguien que es mejor que yo. No aceptarás la vida de la que hablaba al principio de este texto. No aceptarás nada que no sea pasión y perfección, y una vida digna de ser contada. Así que, lárgate, chica que lees. Toma el próximo tren al sur y llévate tu Hemingway. Te odio. De verdad, de verdad, de verdad que te odio.

o, quizá, pueda quedarme y salvarte la vida.

(imagen).
p. s. una de mis traducciones más leídas. una pena que no me contratasen para la publicada...

lunes, 14 de diciembre de 2020

14.º día de Adviento



hablé de cómo mi madre está en Al faro aquí.  pero mi padre (y con él mi abuelo paterno) también está en Orlando. de alguna forma. no se nota, la verdad, pero es lo que tiene la traducción informada, que parece hecha como sin pensar y nadie sabe las vueltas que ha habido que dar para traducir «teg» y «ewe» como «cordero» y «cordera». 

el caso es que yo soy absolutamente urbanita, para decepción de mi padre, que es un señor de campo, hijo de pastor. vamos, que soy como Orlando en la tribu gitana. así que todos los pajaritos, matitas, ovejas, corderos, ciervas sin cría y faisanes con gusano rojo han pasado por el atento asesoramiento de mi Rostam particular. una suerte, no os creáis.  

domingo, 13 de diciembre de 2020

13.er día de Adviento



me encanta pasar el rato con este tipo de retos de traducción {oye, hay a quien le da por lamer bombillas}. ¿alguna idea para este?

sábado, 12 de diciembre de 2020

12.º día de Adviento



hablando de Los novios de Manzoni, creo que tiene el final de novela que más me ha gustado traducir. entre sus poderosas líneas, estas son mis preferidas: 
«y Agnese se atareó llevándolos [a los nietos] aquí y allá, el uno tras el otro, tratándolos de traviesos y estampando en sus caras besos que dejaban marca blanca durante un rato». 
¿no me digáis que no es maravilloso? 

(foto).

viernes, 11 de diciembre de 2020

11.er día de Adviento



este libro de Brice Matthieussent es bastante curioso y divertido. un traductor decide vengarse del autor desde las notas al pie que va poniendo en el libro que está traduciendo. pero, en realidad, de lo que quiero yo hablaros es de mis notas de la traductora. 

para ser una traductora que las llama «las derrotas del traductor», tengo récords curiosos: 129 notas en Los novios y 91 en Orlando. ahora lo estoy dejando…

en Los novios, por ejemplo, hice notas para la editora que tenían hasta dibujos. le hicieron mucha gracia y decía que tendríamos que haberlas incluido en el libro publicado. a veces pienso que habría estado bien. 

sobre las notas de Orlando os cuento algo en otra ventanita, que no me quede sin material :o)

jueves, 10 de diciembre de 2020

10.º día de Adviento



hay tradiciones que son como los idiolectos: 
propios y particulares de cada persona. 

os lo he contado ya varias veces: tal día como hoy, a principios del siglo xx, a mi bisabuelo lo atropelló un tranvía. quedó sordo de un oído, pero sobrevivió. pensando que, al fin y al cabo, volvía a nacer, decidió que sería el 10 de diciembre cuando celebraría su cumpleaños con toda la familia. dada la cercanía de las fiestas navideñas y que era muy goloso, este era el primer día que se comía turrón en su casa. y, al menos en la nuestra, seguimos haciéndolo.

hoy sería el día de montar el belén y el árbol (si no fuese porque mis cosas siguen la mayoría en un guardamuebles), pero lo que no me pueden quitar es estrenar la temporada navideña con un trocito de turrón. ¿me acompañáis?

(foto).

miércoles, 9 de diciembre de 2020

9.º día de Adviento



adoro a estos tres traductores. ellos lo saben. de mayor quiero ser como ellos. no, la verdad es que quiero ser como ellos ya. la Santísima Trinidad de la traducción: José Luis López Muñoz, Maite Gallego Urrutia y Miguel Sáenz. no sé por qué seguís aquí pudiendo ir a leerlos a ellos. 

martes, 8 de diciembre de 2020

8.º día de Adviento



no entiendo por qué aún no me he hecho famosa con esta traducción: 


Many critics, no defenders,
translators have but two regrets:
when we hit, no one remembers,
when we miss, no one forgets.

Anonymous

Mucha crítica, sin defensa,
se lamenta el traductor:
si acierta, nadie recuerda,
nadie olvida cuando erró.

Traducción libérrima de una servidora.

(poemilla encontrado en el blog Translating is an Art;
la imagen no tiene nada que ver, pero Viggo Mortensen no necesita excusa).

lunes, 7 de diciembre de 2020

7.º día de adviento



una de mis primeras traducciones en agencia fue de la breve descripción de tres métodos de elaboración de chocolate (alemán>español, que para eso eran suizos). como yo no tenía ni idea de cómo se llamaban los métodos y siempre he creído en el poder de los expertos, en vez de ponerme a pico y pala, me pasé 15 min al teléfono hablando con gente de la Escuela de Hostelería hasta dar con el maestro chocolatero, que me «hizo la traducción» en unos 15 s. tremenda bronca me llevé por los 15 min de teléfono... cuando tenía que trabajar. habría tardado los mismos 15 min en traducir yo sin ayuda (o más) y lo habría hecho bastante peor. cuando hubo buenos resultados con la traducción, nunca volvieron a cuestionar mis consultas a expertos 😂 mi jefa era una santa, también os lo digo.

domingo, 6 de diciembre de 2020

6.º día de Adviento



dar tumbos por el mundo tiene, por supuesto, su parte (muy) positiva. y es que, entre otras cosas, puedes ir adoptando todo tipo de costumbres beneficiosas para el espíritu, como la de dar y recibir detalles en todas las fechas que puedas :o)

hoy se celebra en Alemania el día de San Nicolás (por todo lo que yo sé, es el mismo San Nicolás que Papá Noel), y los niños (también los de corazón), que la noche anterior han abrillantado sus zapatos y los han dejado junto a la puerta, se levantan con la esperanza de que San Nicolás les haya visitado y recompensado sus buenas obras.

si han sido buenos, encontrarán en sus zapatos clementinas, chocolate, juguetitos y lo que los anglosajones llaman stocking stuffers; aunque también una patata o un palito, que les recordará que siempre, siempre, pueden hacer más por los demás. 

(la imagen es de la tienda quadrophenia-shop.de).

sábado, 5 de diciembre de 2020

5.º día de adviento



pasé un mes en Irlanda con todos los gastos pagados trabajando en un equipo de testeo de MS. 
no traducía, pero no lo echaba de menos… 

(foto).

viernes, 4 de diciembre de 2020

4.º día de adviento



he traducido muchos muchísimos textos para una marca de café italiano de peso… y para su mayor competencia. la mayoría de la página web de la una y gran parte de los materiales de formación de la otra. 
nunca he sabido si ellas lo saben. 
eran las más gordas del país; pero, por supuesto, no puedo contar cuáles.

jueves, 3 de diciembre de 2020

3.er día de adviento



una de las cosas que me encantan de mi trabajo es poder fingir (fake it till you make it) y fingir hasta sin conseguirlo. buena parte de las estrategias de juego del libro de la imagen (Mi Árbol de Navidad, de Carlo Ancelotti) está traducida por esta, su segura servidora. mis amigos saben que apenas sé lo que es un penalti y que el órsay es un gran desconocido para mí. diría que, cuando veo un partido, es por verles las piernas a los jugadores… solo mentiría un poco {aunque el fútbol en vivo me en-can-ta en realidad, aunque no entienda nada}. ser una experta para esta traducción me costó leer mucho sobre entrenamientos, pasar una tarde dando por saco a un entrenador de fútbol y regalarle una botella de ginebra para que me perdonase el tostón. ¿aprendí algo? un montón. pero ya lo he olvidado todo…


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