cosas que hice y funcionaron:
cambiar la hora del reloj a la del destino y seguir ese horario desde el momento en que subí al avión. cenar, dormir y funcionar de forma parecida a como lo he tenido que hacer después ha sido una gran ayuda para luchar contra el
jet lag. y os lo dice alguien con problemas para dormir.
imprescindibles: un libro (en sintonía con mi destino, elegí
Betibú, de Claudia Piñeiro: muy entretenido), tapones para los oídos y un
antifaz.
mi mejor decisión: prescindir de la vanidad y viajar en «pichandal» (entre pijama y chándal), lo que las revistas y las tiendas de moda llaman
loungewear; básicamente, algo que no apriete y que no estorbe.
llevar en el bolso un kit de higiene básico: toallitas húmedas, cepillo y pasta de dientes, crema hidratante y una barra de labios alegre, aunque sea para salir del aeropuerto sin parecer un fantasma.
cosas que hice y dieron igual:
llevar en el equipaje de mano música (ni tiempo tuve de plantearme oírla), pasatiempos (ganas tenía yo de ponerme a hacerlos) y un cambio de ropa interior (que no usé por pura pereza).
cosas que no hice y tendría que haberme planteado:
elegir el asiento: no suelo ser muy exigente al respecto, pero la próxima vez que haga un viaje tan largo quiero un asiento de pasillo. ir empaquetada entre dos personas que se duermen cuando tienes que ir al baño no ayuda nada. puestos a eso, Iberia no es, desde luego, la mejor opción para vuelos largos. hasta el momento, mi aerolínea preferida es
Lan. es una pena que no podamos elegirla para todos los destinos.
llevar agua: es cierto que el avión da una sed tremenda y a mí me da mucha vergüenza tener a los azafatos en danza para mantenerme hidratada.
seguir mis propios consejos: tenía que haber empaquetado un
picnic.
aun así, todas las incomodidades han tenido una dulce recompensa.
¡estoy encantada de estar aquí!
(imagen encontrada
aquí).